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Por Camilo Caballero

Durante siglos, Europa se ha erigido como el centro y motor de la civilización, estableciendo sus valores socioculturales como patrones universales. Esta visión eurocéntrica, consolidada especialmente durante los siglos XVIII y XIX, ha llegado a identificar la historia europea y sus relaciones con otros continentes como la historia universal misma, configurando así una dimensión determinante de la cultura y la ideología del mundo capitalista contemporáneo.

El adoctrinamiento de la supremacía cultural

La omnipresente supremacía de la cultura europea abrevia deliberadamente un gran porcentaje de la duración real de la historia de la humanidad. Este fenómeno facilita un adoctrinamiento antropológico profundamente ideológico: la doctrina del hombre como “ser vivo político”, concebida tanto por pensadores clásicos como modernos.

Esta tesis aparece omnipresente en el discurso académico, manifestándose de forma particularmente evidente cuando humanistas, teólogos, sociólogos y politólogos elaboran modelos colectivos sobre lo que consideran el “ser humano”. Cuando se afirma que “el mundo va mal”, invariablemente se hace referencia a problemas político-económicos-sociales del núcleo central del mundo desarrollado y globalizado.

Poco importa si los problemas derivados de los países catalogados en “vías de mal desarrollo” o países menos adelantados —quizás simplemente en vías de extinción— sean mucho más profundos, con amenazas más graves e inmodificables bajo la sombra de un sistema deshumanizador.

El olvido conveniente de los orígenes.

No deberíamos olvidar que muchos de estos países desmitificados poseen un principio, una génesis que marca el inicio de un desarrollo histórico, político, social y cultural que Occidente tiende a ignorar o, peor aún, a maltratar deliberadamente.

Sin duda, Mesopotamia, con sus culturas sumeria y acadia, representa una parte de ese origen primigenio. Todas las civilizaciones posteriores incorporaron en su herencia cultural los principios y avances desarrollados por lo que pueden considerarse las primeras civilizaciones.

Los sumerios, cultura recurrente en el ideario europizante, son recordados por sus numerosas invenciones: la rueda, el torno alfarero, y especialmente el cuneiforme, el primer sistema de escritura del que se tiene evidencia, adelantándose a los jeroglíficos egipcios en siete décadas. La escritura posibilitó el almacenamiento del conocimiento y su transferencia generacional, llevando a la creación de escuelas, la oficialización de la matemática, religión, burocracia, división del trabajo y sistemas de clases sociales.

Los sumerios desarrollaron conceptos matemáticos usando sistemas numéricos basados en 6 y 10, inventando así el reloj de 60 segundos, 60 minutos y 12 horas, además del calendario de 12 meses que utilizamos actualmente. También construyeron sistemas legales y administrativos con cortes judiciales, prisiones y las primeras ciudades-estado.

Caral: la civilización que derrumba los cimientos del paradigma europeo.

Paralelamente a los sumerios, pero mucho menos conocida, surge la civilización Caral desarrollada hace 5000 años (3000 a.C.) en el actual Perú. Este descubrimiento derriba el paradigma eurocéntrico de la evolución cultural al demostrar ser contemporánea a Mesopotamia y Egipto, constituyéndose como la civilización más antigua de América.

Esta sociedad, que basó sus relaciones en la cooperación, el comercio interregional y la religión, sin murallas ni evidencia de guerra, redefine las bases de la civilización temprana.

Caral, descubierta por la arqueóloga Ruth Shady, cambió radicalmente la teoría de que las civilizaciones americanas eran mucho más jóvenes, situando al Perú como un foco civilizatorio en este parte del mundo.

Shady señala: “con Caral, el conocimiento de la historia del mundo vuelve a fojas cero. hay que reescribir la historia

Un modelo de Paz y Cooperación

A diferencia de otras civilizaciones antiguas, Caral no dependía de la conquista militar. Su estructura social se fundamentaba en el intercambio de productos —pescado, algodón y otros— entre la costa, sierra y selva, promoviendo la cooperación por encima de la violencia.

Las evidencias apuntan a una organización donde las mujeres ocupaban altos cargos y participaban activamente en la conducción social, junto a una élite de sacerdotes y administradores. Los habitantes de Caral utilizaron shicras (bolsas de fibra) para construcciones sismoresistentes y desarrollaron conocimientos avanzados en ingeniería, medicina, matemáticas y geometría, la astronomía, música y el uso de quipus para el registro de información.

La civilización enfrentó un severo cambio climático hace unos 4.000 años, provocando una crisis que derivó en la migración y adaptación a otros asentamientos como Vichama o Peñico. Este último, descubierto en el valle de Supe y abierto al público en julio de 2025, es conocido como la “Ciudad de la Integración Social” por su papel comercial posterior al colapso de Caral.

Monte Verde: revolucionando las teorías del poblamiento del continente

Al sur de Chile, el año 1976 reveló otro hallazgo revolucionario: Monte Verde, el asentamiento humano más antiguo de América, con vestigios de más de 18.500 años. Tapado por la vegetación y la ceniza volcánica, este sitio permaneció oculto hasta que por casualidad desentrañó los primeros vestigios de vida humana del continente americano, poniendo en duda las teorías de migración hasta entonces aceptadas.

“No hay ningún lugar en el mundo que ofrezca una ventana tan limpia para mirar al pasado”, afirma Tom D. Dillehay, arqueólogo y antropólogo. El sitio, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, comprende dos ocupaciones humanas en distintas épocas, con vestigios animales y humanos de entre 14.500 y 18.500 años atrás.

Su antigüedad provocó una revolución en el mundo científico, donde se creía que los grupos Clovis —en Nuevo México— eran la primera cultura de América, que desde allí pobló todo el continente hace unos 13.000 años. En Monte Verde se han encontrado huesos de mastodontes, herramientas filosas, algas, piel de animal, carne perfectamente cortada, un centro medicinal con más de 28 plantas curativas, y los nudos más antiguos del mundo.

Una reflexión necesaria

Detrás del eurocentrismo se esconde un desconocimiento y desprecio hacia las demás culturas, un estado de constricción mental que impide entender lo diferente, facultando a Europa para la adopción cínica de actitudes paternalistas, además de otras más inmorales e inaceptables de explotación y dominación.

Enrique Dussel define el eurocentrismo como una construcción ideológica moderna que sitúa falsamente a Europa como el centro, motor y cúspide de la historia universal, relegando al resto del mundo a la barbarie o la inmadurez. Esta visión solo busca ocultar la dominación colonial y justifica la modernidad como un proceso exclusivamente europeo.

En este marco, la masonería, particularmente la latinoamericana, debería reflexionar profundamente sobre estos paradigmas que arrastra desde el siglo de las luces.

Las civilizaciones de Caral, Monte Verde y tantas otras demuestran que el desarrollo urbano, social y cultural complejo surgió de manera independiente en diferentes partes del mundo, desafiando la narrativa eurocéntrica que ha dominado durante siglos.

La historia universal no es la historia de Europa, sino el entrelazado complejo de múltiples civilizaciones que, desde tiempos remotos, han contribuido al desarrollo de la humanidad desde sus propias geografías, cosmovisiones y sistemas de organización social.

Por M:.M:. Camilo Caballero G.

Revista Masónica Latinoamericana.

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